En nuestros días, los fabricantes están cada vez más expuestos a enormes presiones que son el resultado de la necesidad de reducir los costos y aumentar la eficacia. Para empeorar las cosas, al reducirse los ciclos de vida de los productos, la fabricación y la distribución se están volviendo más complejas. Para el fabricante, esto se convierte en la necesidad de manejar mejor las demandas y las expectativas de los clientes y responder en consecuencia. Además, los fabricantes de equipo eléctrico y electrónico deben apegarse a un número cada vez mayor de reglamentos estrictos en materia ambiental. Algunos de estos reglamentos ya se han implementado en la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. En Japón, China y otros países, hay reglamentos que están pendientes. Como sucede en muchas otras industrias, el costo del cumplimiento puede ser muy alto, pero el costo de la falta de cumplimiento puede ser mucho más alto. Así, los ganadores de la industria deben hacerse de las capacidades necesarias para adaptar sus negocios a los requisitos de estos reglamentos -desde el diseño hasta la generación de reportes de cumplimiento, y desde la localización de las fuentes y el aprovisionamiento hasta el servicio y las reparaciones- para poder evitar las costosas penalizaciones y los retiros de sus productos del mercado, optimizar sus procesos para cumplir con los cambios a estos reglamentos, crear marcas de confianza y proteger los intereses de sus accionistas.
Estos fabricantes deberán recurrir a alguien que les ayude a cumplir con estas políticas tan estrictas e importantes de las industrias electrónica y de alta tecnología. La opción más lógica son los proveedores de servicios privados y especializados en el mercado que ofrecen plataformas de subastas para ayudar a las empresas a deshacerse de su inventario en exceso y obsoleto, quienes se asegurarán de que cumplen con estos reglamentos nuevos. Idealmente, estos proveedores deben mantener cierto número de sociedades con empresas de gestión de transporte y reciclaje. En agosto de 2005 entró en vigor una política en materia ambiental que cubre a los estados miembros de la UE. Se trata de la Directiva sobre residuos de equipos eléctricos y electrónicos (WEEE) 2006/96/EC, que establece las normas de reciclaje y reutilización para varias industrias, desde aparatos electrodomésticos hasta productos de cómputo. La directiva WEEE asigna al fabricante (productor) toda la responsabilidad de recuperar los productos y reciclar hasta el 75 por ciento del contenido material por peso. Los fabricantes que no cumplen con esta directiva deben pagar una penalización del 2 por ciento de sus ingresos anuales. Es decir que la directiva WEEE establece reglas de recolección, tratamiento, reciclaje y recuperación de residuos electrónicos en la UE. Declara que los fabricantes e importadores de equipos electrónicos deben manejar y pagar por el reciclaje de los residuos de equipos eléctricos y electrónicos.
Además, la directiva WEEE declara que los fabricantes de productos electrónicos, excluyendo a los minoristas y los distribuidores, son responsables de ofrecer programas de devolución de todos los equipos eléctricos y electrónicos vendidos en los estados miembros de la UE, así como Noruega y Suiza. La directiva define, recomienda medidas y establece hitos reglamentarios para la recolección, el tratamiento, la recuperación y el financiamiento de diez categorías de equipos eléctricos y electrónicos desechados. Estas diez categorías van desde equipo para tecnología de la información (TI) y telecomunicaciones, aparatos granndes y pequeños y herramientas, juguetes y equipo de entretenimiento. Desde luego que la reutilización de los productos (es decir, la reventa o la reutilización de aparatos enteros para su funcionamiento original) debe tener prioridad sobre el reciclaje. Cuando se trata de equipo de TI y de telecomunicaciones y aparatos electrónicos de consumo que no tienen una opción de reutilización, hay que comprobar que el 75 por ciento del peso del producto puede reciclarse. Los productos nuevos deben marcarse con símbolos que indiquen que no deben tirarse a la basura, y los fabricantes deben proporcionar la información necesaria para desarmarlos. La fecha objetivo para inciar estos programas era el 13 de agosto de 2005. Desde entonces, los estados miembros de la UE se han visto obligados a crear las condiciones necesarias para financiar la recolección, el tratamiento, la recuperación y el desecho ecológico de los residuos de equipos eléctricos y electrónicos. Han tenido que establecer sistemas de recolección distintos para evitar que se desechen dichos productos en los basureros municipales. Así, los distribuidores deben asegurarse de que la gente puede devolverles los residuos de equipos electónicos sin cargo alguno, y los fabricantes deben establecer y operar sistemas de devoluciones de forma individual o colectiva.
Estos fabricantes deberán recurrir a alguien que les ayude a cumplir con estas políticas tan estrictas e importantes de las industrias electrónica y de alta tecnología. La opción más lógica son los proveedores de servicios privados y especializados en el mercado que ofrecen plataformas de subastas para ayudar a las empresas a deshacerse de su inventario en exceso y obsoleto, quienes se asegurarán de que cumplen con estos reglamentos nuevos. Idealmente, estos proveedores deben mantener cierto número de sociedades con empresas de gestión de transporte y reciclaje. En agosto de 2005 entró en vigor una política en materia ambiental que cubre a los estados miembros de la UE. Se trata de la Directiva sobre residuos de equipos eléctricos y electrónicos (WEEE) 2006/96/EC, que establece las normas de reciclaje y reutilización para varias industrias, desde aparatos electrodomésticos hasta productos de cómputo. La directiva WEEE asigna al fabricante (productor) toda la responsabilidad de recuperar los productos y reciclar hasta el 75 por ciento del contenido material por peso. Los fabricantes que no cumplen con esta directiva deben pagar una penalización del 2 por ciento de sus ingresos anuales. Es decir que la directiva WEEE establece reglas de recolección, tratamiento, reciclaje y recuperación de residuos electrónicos en la UE. Declara que los fabricantes e importadores de equipos electrónicos deben manejar y pagar por el reciclaje de los residuos de equipos eléctricos y electrónicos.
Además, la directiva WEEE declara que los fabricantes de productos electrónicos, excluyendo a los minoristas y los distribuidores, son responsables de ofrecer programas de devolución de todos los equipos eléctricos y electrónicos vendidos en los estados miembros de la UE, así como Noruega y Suiza. La directiva define, recomienda medidas y establece hitos reglamentarios para la recolección, el tratamiento, la recuperación y el financiamiento de diez categorías de equipos eléctricos y electrónicos desechados. Estas diez categorías van desde equipo para tecnología de la información (TI) y telecomunicaciones, aparatos granndes y pequeños y herramientas, juguetes y equipo de entretenimiento. Desde luego que la reutilización de los productos (es decir, la reventa o la reutilización de aparatos enteros para su funcionamiento original) debe tener prioridad sobre el reciclaje. Cuando se trata de equipo de TI y de telecomunicaciones y aparatos electrónicos de consumo que no tienen una opción de reutilización, hay que comprobar que el 75 por ciento del peso del producto puede reciclarse. Los productos nuevos deben marcarse con símbolos que indiquen que no deben tirarse a la basura, y los fabricantes deben proporcionar la información necesaria para desarmarlos. La fecha objetivo para inciar estos programas era el 13 de agosto de 2005. Desde entonces, los estados miembros de la UE se han visto obligados a crear las condiciones necesarias para financiar la recolección, el tratamiento, la recuperación y el desecho ecológico de los residuos de equipos eléctricos y electrónicos. Han tenido que establecer sistemas de recolección distintos para evitar que se desechen dichos productos en los basureros municipales. Así, los distribuidores deben asegurarse de que la gente puede devolverles los residuos de equipos electónicos sin cargo alguno, y los fabricantes deben establecer y operar sistemas de devoluciones de forma individual o colectiva.
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